Para la mayoría de la gente reencontrarse con los del secundario es revivir anécdotas con compañeros, profesores, celadores, etc. Es juntarse -con varios años más- y repasar esas etapas de la niñez/adolescencia con cariño, el tiempo pone distancia y cubre los baches. Así me pasó con el primario.
Pero mis compañeros y yo cursamos en un liceo militar. Y entramos en el 78, pleno proceso. Eso hizo que durante mucho tiempo hubiera una gran resistencia -me incluyo- a reuniones. Sobra decir que esos años fueron duros y cualquiera aconsejaría no volver la vista atrás. Lo reviso y pienso que el compañerismo fue lo que nos salvó. Porque veníamos de distintos lugares pero estábamos ahí padeciendo lo mismo, viviendo con los mismos miedos, aliándonos tácitamente.
En la mesa del sábado, mientras comíamos, las voces comenzaron a cobrar intensidad, crecieron las carcajadas, alguien parodió una marcha y todos lo seguimos, las fotos fueron excusa para montoneras y corridas, y hasta volaron unos hielitos (porque ya habían retirado los panes). Alguien hizo llover soda.
Pienso: podíamos olvidar esa parte de nuestros años jóvenes, pero elegimos salvar lo mínimo salvable, porque supongo que en algún lado sentimos que no fue culpa nuestra que nos tocara eso. Y que los adultos que hoy somos necesitamos abrirle una puerta a los rapaditos asustados que alguna vez fuimos. Aunque sea por un rato.
En la foto, recorriendo las actuales instalaciones. Ahora es mixto!
LMGB: Liceo Militar Gral Belgrano.
